Desde el mismo momento en que Don Jerónimo Luis de Cabrera con su rebeldía la fundó en 1573, estaba escrito que su destino sería de grandeza.

Córdoba es uno de los motores fundamentales que le da impulso al País con sus industrias, el campo, las bellezas turísticas sumado a hombres y mujeres corajudos que con amor propio demuestran a cada paso que tienen la camiseta bien puesta.
Así se forja y sostiene, una de las potencias socioeconómicas más importantes de esta parte de América.

En el deporte, quienes representan a los de la tonadita con cantito, sacan pecho en todas partes y también le meten para adelante.
“Y ya lo ves, es el famoso cordobés” atrona una y otra vez en las canchas de fútbol, estadios de basquet, autódromos, courts de tenis y hasta en el mítico Luna Park cuando una buena mano dormía al rival de turno.

Córdoba tiene una gloriosa historia deportiva.
Pero hay una pregunta que íntimamente todos los hinchas de fútbol tarde o temprano se hacen: ¿Talleres y Belgrano a nivel nacional, son grandes de verdad?
A juzgar por las multitudes que mueven, sin dudas que la respuesta debería ser afirmativa.
Pero si se acude a los datos fríos y objetivos que hay que tener en cuenta a la hora de semejante interrogante, la cuestión se hace más difícil de responder.

Tienen hinchadas seguidoras que llenan canchas, copan cabeceras en Brasil, Chile y Buenos Aires cuando la AFA y el Covid lo permiten, pero el promedio de socios no supera los 20.000.
Veinte mil no es una buena cifra para pelear por cosas grandes a nivel nacional e internacional.

¿Y los logros deportivos? Tanto Talleres como Belgrano tienen innumerables historias con sabor a hazaña en sus libros.

Campeonatos locales, títulos en la segunda categoría, ascensos, alguna copa internacional o el placer de convertirse en el verdugo de un grande del puerto.
Lo cierto es, que mantenerse en primera división ha sido una proeza para los dos clubes.
La enumeración perecedente, alcanza para defender el honor y el valor de los dos grandes de Córdoba en una charla de café o en una discusión entre amigos, pero, ¿Con esto, alcanza?

Talleres tocó el “verdadero cielo” con las manos una vez en su historia. Fue en su época dorada de los ‘70 cuando de la mano de Amadeo Nuccetelli casi se queda con el recordado Nacional del ‘77.

Por el lado de Belgrano, el “verdadero cielo” fue cuando casi le arrebata a Boca un campeonato duarante la gestión de Armando Perez.

Los años pasan y tanto Talleres como Belgrano tiran más amagues y gambetas que goles.
Ni bien aparece una figura que más o menos entrega dos o tres pases seguidos, los dirigentes lo venden con el argumento válido de que se deben equilibrar las finanzas para no hipotecar a los clubes.

¿Entonces? ¿Habrá que conformarse sólo con soñar?
Hoy, los dirigentes de Talleres y Belgrano prefieren un juego conservador que no les traiga contratiempos económicos y priorizan los números de la matemática por sobre los de las tablas de posiciones.

Dadas estas circunstancias, y a juzgar por los resultados deportivos, parece que al menos por ahora, el cielo puede esperar.