Talleres igualó 1 a 1 ante Colón en el encuentro de ida de octavos de final de la Copa Libertadores.

El Matador manejó la posesión del balón, controló a su rival y manejó los tiempos del partido. En frente, los Sabaleros adoptaron una actitud pasiva y prácticamente despreciaron el libreto de protagonista. Pese a estas premisas, la T no pudo ser superior por una simple razón: su falta de gol. Ni con Michael Santos, que duró un cuarto de hora en cancha por una nueva lesión, ni con Federico Girotti, que atraviesa una sequía goleadora alarmante, el conjunto de Pedro Caixinha pudo materializar todas las aproximaciones que tuvo, principalmente con centros cruzados que fueron rechazados por los defensores de la visita.

Por el contrario, Colón si contó con chances claras, la mayoría por gentileza de los defensores albiazul, que en la etapa inicial regalaron varias pelotas y le permitieron al elenco de Julio César Falcioni contar con reiteradas oportunidades para abrir el marcador. Con el ingreso del «Pulga» Rodríguez, el más distinto de todos, el Sabalero rompió la paridad gracias a un centro del tucumano que fue a parar a la cabeza de Ramón «Wanchope» Ábila, que amargó nuevamente a los albiazules.

Con los ingresos de Favio Álvarez, Ulises Ortegoza y Franco Pizzini, Talleres fue un equipo más punzante y agresivo. Sin juego, pero con empuje y amor propio, logró igualar las acciones sobre el final gracias al tanto de otro refuerzo, Alan Franco, que apareció solo por el segundo palo tras un gran centro de Enzo Díaz.

Este empate volvió a mostrar las falencias que tiene Talleres a la hora de inquietar el arco del frente pero deja esperanzas. Primero en principal porque Colón no mostró ser el rival de jerarquía que fue meses atrás, en gran parte por las bajas, y segundo porque la T sabe que en el Cementerio de los Elefantes puede encontrarse con varios espacios y lastimar de contragolpe, una carta que el Albiazul sabe jugar y muy bien.