Malos fallos y errores propios fueron los principales enemigos del equipo argentino que estuvo a la altura y va por buen camino. No fue inferior a nadie.

El balance del boxeo argentino en los JJOO de Tokio es agridulce. No por malo -al contrario-, sino porque debió haber sido mejor de lo que fue, pese a que hubo dos triunfos (Mirco Cuello y Francisco Verón), un robo (Brian Arregui), un mal fallo (Ramón Quiroga) y dos derrotas (Cuello y “Bebu” Verón en segunda ronda).

Si incluyéramos la participación de Dayana Sánchez, entraría en la misma generalización, pero a Dayana le avisaron dos semanas antes y llegó con lo justo, tras estar 2 años parada y entrenando por su cuenta, porque estaba suspendida por doping positivo. No obstante, quedó como la primera boxeadora argentina en la historia en participar en un JJOO.

El tema es que en realidad, tras la segunda ronda y de cara a las medallas, Argentina debería haber estado aún con el equipo completo, sin derrotas, porque incluso las que fueron justas eran evitables.

Cuello y Verón –que perdieron bien- no sólo estuvieron a la altura, sino que eran más que sus rivales, a quienes en el terreno profesional ese mismo día les hubiesen ganado antes del límite si el combate se extendía. Pero adolecieron de cuestiones secundarias que eran reversibles.

De la derrota de Arregui mejor ni hablar. Derribó a su rival yanqui (Delante Johnson), lo superó en las 3 vueltas, y se la dieron perdida. Inadmisible, aunque cierto es que en el terreno olímpico una caída no significa más que ese golpe que la provocó, criterio que hay que modificar urgentemente si es que se quiere emparentar con el profesionalismo y adquirir empatía. Nadie que vea boxeo históricamente puede entender esa regla, cuando una caída es -después del nocaut- lo más importante de una pelea.

Ramón Quiroga le ganó el 3º round al español Gabriel Escobar, y le dominó el 2º aunque con cierta paridad, pero los jueces prefirieron la chapa del europeo. En todo el torneo, ante la paridad, fallaron en contra del nuestro. Es más; en la victoria de Verón, que en la 1ª rueda ganó clarísimo las 3 vueltas ante el sueco Adan Chartoi, el 3º round -que fue el más claro ya que el sueco no quería más-, un juez que se lo dio en contra.

Pensar que en Río 2016 suspendieron a varios jueces por sospechas de corrupción en el arbitraje y fallos, por lo cual el COI directamente intervino a la AIBA y ahora tomó las riendas. No mejoraron en nada, y más bien empeoraron en cuanto a transparencia, justicia y criterio.

Cuello y Verón perdieron bien en 2ª rueda, es cierto. Mirco ante el tailandés Chatchai Butdee (36 años) y El Bebu ante el dominicano Euri Cedeño, pero ambos por claros errores estratégicos, de los que no fueron responsables.
Cuello, más joven, potente, alto, largo y fuerte, salió con un plan raro en vez de arrollar como en la primera pelea. Facilitó la picardía contragolpeadora y los tiempos del tailandés, que –más petiso- se le agachaba y hacía pasar de largo los cross del santafesino, que nunca intentó el uppercut para encontrarlo en la trayectoria.

Verón fue a cruzarse contra un noqueador a suerte y verdad, y ambos pagaron las consecuencias, pero el dominicano invirtió abajo, dominó el 1º y gran parte del 2º, cosa que lo salvó, pese a quedar sentido sobre el final, algo que al boxeo olímpico no le interesa. Pero su trabajo al cuerpo sirvió a futuro, cosa que Verón no hizo. En el 3º, Cedeño seguía sentido y temeroso, el Bebu no tenía más aire ni piernas, porque estaba “cortado” abajo. Si estaba entero lo sacaba por KO.

Ni Verón ni Cuello probaron al cuerpo, ni tiraron uppercuts. Como si sólo conocieran los golpes rectos, boleados y el cross. Hooks y ascendentes existen y ganan peleas, muchachos, y están para usarse.

Son apenas 3 rounds y es imprescindible que el rincón sepa leer bien la pelea de inmediato, antes de que termine el 1º. Con Quiroga lo hicieron, cuando le marcaron que amague, y que le muestre el cuerpo y salga rápido al español. Pero Quiroga es capaz de hacerlo y Cuello no, porque es otro tipo de boxeador.
Si no funciona el plan “A” debe ponerse en marcha el “B”, y debe ser certero. De abajo se ve, o debe ver la falla, máxime cuando la materia prima está, como esta vez.

Cuello y Verón serán campeones del mundo profesionales en no mucho más, quizás antes del próximo JJOO, si los manejan bien. Incluso ante los mismos rivales frente a los que cayeron en Tokio. Por eso amarga la derrota, porque no fue por inferioridad, sino por no usar las armas en tiempo y forma.

Ni siquiera es una cuestión de trabajo, que se está haciendo perfectamente. Pero es corregible sólo con autocrítica, que esperemos no sea la materia que más cueste entender y aprobar.

Por GUSTAVO NIGRELLI (especial para A la Vera del Ring).