El ruso ganó 6-4, 6-4 y 6-4 ante Novak Djokovic en la final del US Open, el primer Grand Slam de su carrera. El serbio no pudo con su objetivo: obtener los cuatro del año.

La creme de la creme se juntó en Nueva York para ver la final del US Open. Brad Pitt, Bradley Cooper, Rami Malek, Ben Stiller y Leonardo Di Caprio fueron algunas de las estrellas que estuvieron en el Arthur Ashe. Pero no sólo fueron a ver la definición del último Grand Slam de la temporada, sino que asistieron a ver la gran fiesta de Novak Djokovic(1°). El serbio estaba a las puertas de la gloria: conquistar su 21er Grand Slam para desempatar con Roger Federer y Rafael Nadal más ser el primero en conquistar los cuatro Majors en un mismo año desde que lo hiciera Rod Laver en 1969. Pero para conseguir todo eso tenía que ganar. Y ganarle al N° 2 del mundo, Daniil Medvedev, el ruso que había perdido sus dos finales grandes. El invitado terminó siendo el cumpleañero.

Djokovic, acostumbrado a cargar con la presión de ser el favorito y dueño de miles de batallas a sus 34 años, estuvo lejos de ser ese que prometió que jugaría el “partido de su vida” para meterse aún más en la historia grande. Se convirtió en un manojo de nervios y se mostró como muy pocas veces: endeble. Nole no sólo juega con su tenis, también lo hace con su cabeza. Esa es la que le permite desgastar a sus rivales. Aunque esta vez le jugó en contra. Se topó con una pared, una máquina de devolver, que siempre tuvo en claro que debía arriesgar en grande para ganar y así lo hizo. El 6-4, 6-4 y 6-4 no fue casual, sino que mostró el resultado perfecto de un jugador que tomará la posta del Big 3 cuando se retire. ¿O esto habrá sido una advertencia que no esperará que los “viejos” larguen para asaltar el reinado que espera un sucesor?

Una victoria en sets corridos frente al mejor jugador del mundo y uno de los grandes de la historia no significa que haya sido fácil el trámite para Medvedev, que también debió pelear contra sus nervios y el público. Sí, el estadio no quería verlo ganar a él, sino a Nole. Y no lo ocultó: gritó cada punto del serbio como si se hubiera anunciado una ronda gratis de cerveza. Incluso la gente bancó a Djokovic en sus locuras, como la de destrozar su raqueta en el segundo set.

“El público estaba con Nole y es entendible, todos sabíamos lo que estaba en juego. Voy a decir algo que nunca le dije a nadie: para mí sos el mejor jugador de la historia del tenis. Estoy muy contento y agradecido con todo mi equipo que me acompañó en este viaje”, dijo el tenista de 25 años.

En cuanto al juego, el saque de Daniil resultó determinante. Las estadísticas marcan que tuvo 16 aces (también 9 doble faltas; dos de ellas sacando para ganar el título), pero su primer servicio lastimó mucho más de lo que marca ese número. Los misilazos rusos se colaron en la defensa balcánica hasta derrumbarla por completo.

El campeón, siempre muy serio e inexpresivo abrió su corazón previo a recibir la copa. Este domingo cumplió tres años de casados con su esposa y admitió que nunca tuvo tiempo de comprarle un regalo. “Si perdía en semifinales podía ir a por el presente, pero gané y ya se hizo muy difícil. Por suerte tengo la copa en mis manos para este momento”, bromeó.

Llegó el primer triunfo de Medvedev y el segundo para la “nueva generación”. Ese recambio que tanto se pedía está presente. Nueva York, a 20 años de la caída de las Torres Gemelas, vio nacer a otra torre.

Fuente: Olé